Manuel Girona i Agrafel (1817-1905) y la familia Girona fueron protagonistas imprescindibles de la modernización de Barcelona y Cataluña durante la Segunda Revolución Industrial. Su papel como banqueros, empresarios, constructores de infraestructuras y mecenas culturales dejó una huella duradera en la economía, el urbanismo y las instituciones de la ciudad y la región. A pesar de no ser tan conocidos popularmente como otros nombres del periodo, su legado estructural y financiero es profundo y aún visible en múltiples infraestructuras catalanas.

Orígenes y ascenso de la familia Girona
La saga familiar de los Girona tiene sus raíces en la pequeña burguesía comercial de Tàrrega y Lleida, donde a comienzos del siglo XVIII un negocio textil exitoso permitió al clan iniciar su escala social y económica. Eventualmente, Ignasi Girona y Targa, padre de Manuel, trasladó la familia a Barcelona, cimentando ahí la base de una de las fortunas más influyentes de la Cataluña industrial.
La familia Girona —que con el tiempo se convertiría en un grupo inversor pionero— estaba compuesta por varios hermanos implicados en sectores clave: banca, siderurgia, ferrocarriles y comercio. Este grupo familiar funcionó como una red de inversión integrada, cuyo capital y visión estratégica fueron determinantes para múltiples proyectos de infraestructura.
El Banco de Barcelona: cimentando las finanzas industriales
Uno de los hitos fundacionales de Manuel Girona fue la creación, en 1844, del Banco de Barcelona, en sociedad con otros comerciantes e industriales modernos. Este banco se convirtió en la primera entidad financiera de carácter comercial e industrial en España, proporcionando crédito, facilitando letras y pagarés y promoviendo cuentas bancarias, servicios inexistentes hasta entonces en el sistema financiero público.
Hasta ese momento, los industriales catalanes dependían de banqueros públicos o prestamistas privados —con condiciones onerosas— que lastraban la expansión productiva. La instauración de una banca privada moderna permitió a Cataluña obtener liquidez propia para industrializar sus fábricas, invertir en infraestructuras y consolidar un tejido empresarial competitivo.
Infraestructuras transformadoras: ferrocarriles y riego
Más allá de la banca, los Girona participaron en obras de ingeniería que redefinieron la geografía productiva de Cataluña.
Ferrocarril Barcelona-Zaragoza y líneas claves
La construcción y financiación de la línea Barcelona-Zaragoza, a través de Manresa y Lleida, fue uno de los proyectos de mayor envergadura. Aunque en su momento fue considerado irrealizable por muchos, esta línea de más de 350 km —sin apoyo estatal— fue crucial para conectar los mercados interiores con el puerto de Barcelona y dinamizar la logística industrial catalana.
Asimismo, la familia Girona también obtuvo la participación inicial en la línea Barcelona-Granollers, a través de su sociedad Girona Hermanos, Clavé y Compañía, consolidando su presencia en las primeras líneas ferroviarias catalanas.
Canal d’Urgell: irrigar para industrializar
La construcción del Canal d’Urgell (1853-1861), dirigida por la constructora familiar, es otra obra emblemática. Este sistema de irrigación convirtió vastas extensiones de secano en tierras fértiles, dinamizando la agricultura del interior y, por extensión, la economía agroindustrial catalana. Fue, en su tiempo, la obra hidráulica más grande de Cataluña, y sus efectos transformadores todavía se perciben en la región agrícola de Lleida.
Política, mecenazgo y Barcelona ciudad
La influencia de Manuel Girona trascendió el terreno económico para entrar en el ámbito político y cultural.
Alcalde de Barcelona y la Exposición Universal de 1888
Girona fue alcalde de Barcelona (1876-1877) en un periodo clave de transición política tras la Restauración Borbónica. Aunque su mandato fue breve, colaboró con otros líderes municipales —como Rius i Taulet— para sentar las bases de la Exposición Universal de 1888, un acontecimiento que proyectó internacionalmente a Barcelona como centro de modernidad y cultura industrial.
Mecenazgo cultural y educativo
Además de sus inversiones económicas, la familia Girona apoyó el desarrollo de instituciones clave como el Liceo de Barcelona y la Universidad de Barcelona, contribuyendo al florecimiento del ámbito cultural y educativo de la ciudad.
Incluso su residencia de veraneo, la finca Torre Girona, refleja el peso social y cultural de la familia y sirve hoy como sede académica y espacio público, integrando patrimonio histórico con uso contemporáneo.
El impacto en la Barcelona moderna
El legado de Manuel Girona y su familia debe entenderse como parte de la transición de Barcelona hacia la modernidad industrial y urbana. Su actuación en banca, infraestructuras y cultura contribuyó a:
- Crear un sistema financiero adaptado a la industrialización.
- Conectar Cataluña por ferrocarril con el interior peninsular y con el comercio marítimo.
- Transformar el paisaje productivo agrario con obras hidráulicas.
- Potenciar la presencia cultural y educativa de Barcelona en Europa.
- Contribuir a eventos globales como la Exposición Universal de 1888 que definieron la reputación internacional de la ciudad.
Pese a las crisis económicas de la década de 1860 y a la eventual disolución de su conglomerado empresarial, la huella de los Girona en el tejido social y económico catalán es innegable. Proyectos estructurales que ellos emprendieron siguen siendo ejes de la economía regional y de la memoria urbana de Barcelona.
La fachada neogótica de la Catedral y la continuidad empresarial de los Girona
Uno de los episodios más simbólicos del mecenazgo de Manuel Girona fue la finalización de la fachada neogótica de la Catedral de Barcelona, ejecutada entre 1887 y 1890. Aunque el diseño original era medieval, la fachada nunca se había construido por falta de recursos. Fue Manuel Girona quien financió íntegramente la obra, permitiendo dotar al templo de la imagen monumental que hoy define el corazón del Barrio Gótico.

Este gesto resume bien el papel de la familia Girona: empresarios que reinvertían parte de su fortuna en la ciudad. Sus negocios —banca, ferrocarriles, obras públicas y finanzas— se articularon como un auténtico holding familiar, continuado por hijos y parientes que mantuvieron influencia económica y social en Barcelona hasta bien entrado el siglo XX.
Manuel Girona y su familia fueron figuras centrales en el proceso de modernización de Barcelona y Catalunya en los siglos XIX y XX. A través de la banca, las infraestructuras, el liderazgo político y el mecenazgo cultural, ayudaron a transformar una ciudad en plena transición industrial en un polo económico y social de primer orden en España y Europa. El impacto de sus acciones sigue siendo palpable en el entramado económico y urbano de Barcelona hoy.