Los huevos de Porcioles

Los “Huevos de Porcioles”: un episodio curioso de la historia urbana de Barcelona

Barcelona está llena de historias urbanas curiosas, muchas veces vinculadas a decisiones políticas y urbanísticas tomadas durante el siglo XX. Uno de los casos más conocidos entre los vecinos de algunos barrios es el de los llamados Huevos de Porcioles, una expresión popular que hacía referencia a dos enormes depósitos de gas que se levantaron en la ciudad durante la década de 1960. Aunque hoy han desaparecido, durante años formaron parte del paisaje y del imaginario colectivo barcelonés.

El alcalde José María de Porcioles

Para entender el origen del nombre hay que conocer a José María de Porcioles, alcalde de Barcelona entre 1957 y 1973, el que más tiempo ocupó el cargo durante la dictadura franquista. Jurista y notario de profesión, fue nombrado alcalde en plena dictaura, en un periodo de fuerte crecimiento urbano y demográfico de la ciudad.

Durante su mandato, Barcelona experimentó una gran expansión urbanística. Miles de personas llegaban a la ciudad desde otras regiones de España, lo que generó una enorme presión sobre la vivienda y las infraestructuras. El gobierno municipal impulsó proyectos para modernizar la ciudad y convertirla en una “Gran Barcelona”, aunque muchas de estas decisiones fueron criticadas por su falta de planificación y por favorecer la especulación del suelo.

En ese contexto se construyeron numerosas infraestructuras industriales y energéticas destinadas a abastecer a la ciudad en expansión.

La construcción de los depósitos de gas

En 1967, la empresa Catalana de Gas y Electricidad instaló en la zona de Horta, en el actual distrito de Horta-Guinardó, dos gigantescos depósitos esféricos de gas. Estas estructuras formaban parte de una estación gasométrica destinada a controlar la presión del gas en la red de distribución urbana.

La función técnica era sencilla: la red de gas de Barcelona había quedado obsoleta con la llegada de nuevos tipos de gas y era necesario regular la presión para evitar problemas en el suministro. Los depósitos actuaban como acumuladores que estabilizaban el flujo en las tuberías de la ciudad.

El problema era su tamaño. Las dos estructuras eran enormes esferas metálicas, visibles desde muchos puntos altos de Barcelona. Su presencia dominaba el paisaje urbano de los barrios cercanos.

El origen del nombre: “Huevos de Porcioles”

Los vecinos pronto empezaron a referirse a aquellas esferas con humor e ironía. Popularmente las llamaron “los huevos de Porcioles” (en catalán “els ous d’en Porcioles”).

El apodo surgió como una mezcla de sarcasmo y crítica política. Según testimonios vecinales, la expresión implicaba que el alcalde había tenido “los huevos” de colocar unas estructuras tan enormes en medio del barrio, visibles desde casi toda la ciudad. Con el tiempo, el nombre quedó fijado en el lenguaje popular y muchos barceloneses conocían los depósitos únicamente por ese sobrenombre.

La denominación reflejaba también el clima social de la época. A finales de los años sesenta empezaban a surgir movimientos vecinales que criticaban la forma en que el Ayuntamiento gestionaba el urbanismo y las infraestructuras.

Un símbolo del urbanismo de los años 60

Los “Huevos de Porcioles” acabaron convirtiéndose en un símbolo del modelo urbanístico del franquismo tardío en Barcelona. Aquella etapa se caracterizó por:

  • Crecimiento rápido y poco planificado de la ciudad
  • Construcción de infraestructuras industriales dentro de zonas urbanas
  • Escasa participación vecinal en las decisiones urbanísticas

El propio mandato de Porcioles fue muy polémico por este tipo de actuaciones, aunque también impulsó proyectos de modernización que décadas después se materializarían en grandes infraestructuras de la ciudad.

Desaparición de los depósitos

Con la modernización del sistema energético y la llegada del gas natural, estas instalaciones dejaron de ser necesarias. Con el paso del tiempo los depósitos fueron desmontados y desaparecieron del paisaje urbano.

Hoy ya no quedan físicamente, pero el nombre “Huevos de Porcioles” sigue vivo en la memoria de muchos vecinos y en la historia popular de Barcelona. Es un ejemplo de cómo la ciudad conserva, a través del lenguaje y las anécdotas, el recuerdo de decisiones urbanísticas que marcaron una época.

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