Introducción
El Somorrostro fue uno de los barrios más singulares y a la vez olvidados de la ciudad. Situado en plena playa del litoral barcelonés, entre la Barceloneta y el Poblenou, este asentamiento de barracas se convirtió en hogar de miles de familias durante gran parte del siglo XX. Aunque desapareció en los años sesenta, su historia forma parte esencial de la memoria histórica de Barcelona, y aún hoy sigue despertando interés por lo que representó social y culturalmente.

Historia del Somorrostro
El barrio del Somorrostro nació a finales del siglo XIX como resultado del crecimiento de la ciudad y la falta de vivienda asequible para la población obrera y migrante. En una Barcelona marcada por la industrialización, muchas familias llegadas desde otras regiones de España, especialmente de Andalucía, se instalaron en barracas improvisadas junto al mar.
La zona, entonces un arenal entre fábricas y vías de tren, pronto se convirtió en un barrio con vida propia, aunque siempre marcado por la precariedad. Llegó a albergar a más de 15.000 personas en condiciones de gran dificultad, pero con una identidad comunitaria fuerte.
Ubicación y contexto urbano
El Somorrostro se encontraba en lo que hoy es la playa que lleva su mismo nombre, entre el espigón del Gas y la Barceloneta. Durante décadas, este barrio de chabolas formó parte del paisaje cotidiano de la ciudad, visible desde el puerto y la costa, un recordatorio de la desigualdad social en la historia de Barcelona.
Su emplazamiento resultaba paradójico: frente al mar Mediterráneo, con vistas privilegiadas, pero sin acceso a servicios básicos como agua corriente, saneamiento o electricidad.
La vida en el Somorrostro Barcelona estuvo marcada por la dureza. Las barracas eran construcciones frágiles de madera, chapa y materiales reciclados. No había calles pavimentadas ni infraestructuras adecuadas. A pesar de ello, el barrio desarrolló una fuerte identidad cultural y comunitaria.
Las familias se apoyaban entre sí, organizaban celebraciones y transmitían tradiciones, especialmente aquellas vinculadas al flamenco y la cultura gitana, que encontraron en el Somorrostro un espacio fértil para florecer.
Carmen Amaya y otros personajes del Somorrostro
Entre los nombres que nacieron y crecieron en el Somorrostro destaca Carmen Amaya, considerada la mejor bailaora de flamenco de todos los tiempos. Su arte, nacido en aquellas calles de arena y barracas, llevó el nombre del barrio por todo el mundo.
Otros artistas gitanos también surgieron de esta comunidad, contribuyendo a la proyección cultural del Somorrostro y reforzando su lugar en la memoria histórica de Barcelona.
La desaparición del Somorrostro
El barrio desapareció en los años sesenta, cuando el régimen franquista, en un intento de modernizar la imagen de la ciudad, ordenó el desalojo y derribo de las barracas. Los Juegos Mediterráneos de 1955 fueron el pretexto inicial, y en 1966 se completó el desalojo.
Las familias fueron trasladadas a polígonos de viviendas periféricos, como Sant Roc en Badalona o la Mina en Sant Adrià, perdiendo así el vínculo con el mar y con su entorno comunitario original.
Hoy, el nombre de la playa del Somorrostro recuerda la existencia de aquel barrio desaparecido de Barcelona.
El legado del Somorrostro en la historia de Barcelona
Aunque físicamente borrado, el Somorrostro permanece vivo en la memoria colectiva. Es un símbolo de las desigualdades urbanas, pero también de la resiliencia y la riqueza cultural de quienes lo habitaron.
La recuperación de su nombre para una de las playas más céntricas de la ciudad supone un homenaje a esa parte de la historia de Barcelona que no debe olvidarse. Recordar el Somorrostro es reconocer la dignidad de miles de familias que, en condiciones adversas, construyeron comunidad, identidad y cultura.

